Obesidad infantil en Perú: el riesgo crece en hogares con mayores recursos

El crecimiento económico no siempre se traduce en mejores hábitos de salud. Un estudio en cuatro países de ingresos bajos y medios, incluido el Perú, revela que los niños peruanos que crecen en hogares con mayor nivel socioeconómico en los primeros años de vida tienen el doble de riesgo de presentar sobrepeso u obesidad en etapas posteriores. En esta columna, el nutricionista José Augusto Chaquila y el doctor Reneé Pereyra Elías, investigadores de la Universidad Científica del Sur, analizan la paradoja de que un mayor poder adquisitivo implique una mayor exposición a alimentos ultraprocesados y entornos poco saludables.

RELACIÓN. Las condiciones socioeconómicas entre los seis a 18 meses de edad se relacionan con el riesgo de sobrepeso y obesidad durante la infancia y la adolescencia.

RELACIÓN. Las condiciones socioeconómicas entre los seis a 18 meses de edad se relacionan con el riesgo de sobrepeso y obesidad durante la infancia y la adolescencia.

Foto: Shutterstock

Durante mucho tiempo, se ha asumido que el progreso económico trae consigo mejores condiciones de salud. En términos generales, esto es cierto. Sin embargo, la evidencia científica muestra que el desarrollo genera nuevos desafíos. Uno de ellos es el aumento del sobrepeso y la obesidad infantil, un problema que avanza  en muchos países de ingresos bajos y medios 1

A nivel mundial, la obesidad afecta a 188 millones de niños y niñas en edad escolar y adolescentes, o uno de cada diez, y los expone a enfermedades que pueden ser mortales, según datos de Unicef en 2025. En el caso peruano, se estima que al 2030 más de 1 millón de niños, niñas y adolescentes entre 5 a 19 años vivirán con obesidad.

En un estudio reciente publicado en la revista Scientific Reports 2, analizamos cómo las condiciones socioeconómicas entre los seis a 18 meses de edad se relacionan con el riesgo de sobrepeso y obesidad durante la infancia y la adolescencia en cuatro países de ingresos bajos y medios, entre ellos el Perú. 

Los resultados revelan que los niños peruanos que crecen en hogares con mayor nivel socioeconómico en los primeros años de vida tienen el doble de riesgo de presentar sobrepeso u obesidad en etapas posteriores.

Las condiciones socioeconómicas entre los seis a 18 meses de edad se relacionan con el riesgo de sobrepeso y obesidad.

Este hallazgo contrasta con lo observado en muchos países de altos ingresos, como Inglaterra, Estados Unidos o Dinamarca, donde la obesidad infantil se concentra con mayor frecuencia en poblaciones de menores recursos 3. En cambio, en países de ingresos bajos y medianos, como el Perú, la relación entre nivel socioeconómico y obesidad sigue una dinámica distinta. Esto se debe, en gran parte, a un fenómeno conocido como transición nutricional 4.

A medida que los países experimentan crecimiento económico, se urbanizan y transforman sus estilos de vida, también cambian los patrones de alimentación y actividad física. Los alimentos ultraprocesados, las bebidas azucaradas y las dietas con alto contenido calórico se vuelven más accesibles, mientras que el sedentarismo aumenta debido a cambios en el trabajo, el ambiente, el transporte y las formas de entretenimiento. 

En este contexto, los hogares con mayor nivel socioeconómico suelen ser los primeros en adoptar estos nuevos patrones de consumo. El resultado es una paradoja del desarrollo: aquello que simboliza progreso, mayor poder adquisitivo y acceso a bienes, puede implicar una mayor exposición a entornos alimentarios poco saludables.

 

La coexistencia de problemas

Otro hallazgo importante es que los determinantes socioeconómicos tempranos pueden influir en la salud muchos años después. La investigación en epidemiología del ciclo de vida ha demostrado que los primeros años de vida son un período particularmente sensible para el desarrollo biológico y social de una persona 5. En esta etapa se establecen patrones de alimentación, niveles de actividad física y dinámicas familiares que pueden moldear la salud futura.

En ese sentido, las desigualdades sociales no solo afectan el presente: también dejan huellas en el organismo que pueden manifestarse como enfermedades crónicas en etapas posteriores. En otras palabras, el entorno en el que un niño crece puede ser determinante para su salud a lo largo de la vida.

En el Perú y en otros países de América Latina, este fenómeno ocurre en un contexto complejo: la coexistencia de distintas formas de malnutrición. Mientras persisten problemas como la anemia y la inseguridad alimentaria, el sobrepeso y la obesidad continúan en aumento 6. Esta situación, conocida como la doble carga de la malnutrición, refleja las profundas transformaciones que atraviesan nuestras sociedades.

En una misma comunidad, e incluso dentro de un mismo hogar o colegio, pueden coexistir problemas aparentemente opuestos: la falta de alimentos nutritivos, como frutas, verduras o granos integrales, junto con un consumo excesivo de productos altos en calorías, como bebidas azucaradas, embutidos y dulces. Esto evidencia que el problema no es solo la disponibilidad de alimentos, sino también la calidad de la dieta, el entorno alimentario en el que viven las familias y las oportunidades reales para adoptar estilos de vida saludables.

Mientras persisten problemas como la anemia y la inseguridad alimentaria, el sobrepeso y la obesidad continúan en aumento. 

Los resultados de este tipo de investigaciones también plantean preguntas importantes para las políticas públicas. Tradicionalmente, las estrategias para abordar la obesidad se han centrado en intervenciones dirigidas a individuos, como promover cambios en la dieta o aumentar la actividad física. Si bien estas medidas son importantes, la evidencia muestra que el problema es más amplio, complejo y estructural.

Los entornos en los que viven los niños, sus escuelas, barrios, mercados y sistemas alimentarios, influyen de manera decisiva en sus decisiones y comportamientos cotidianos. Basta hacer un ejercicio sencillo: detenerse unos minutos frente a la salida de un colegio y observar qué alimentos se ofrecen a los niños. Por ello, abordar la obesidad infantil no puede limitarse a cambios individuales, sino que requiere políticas que promuevan entornos saludables desde edades tempranas. 

En países de la región como Chile7 y México se han implementado medidas orientadas a este objetivo, como la regulación del marketing de alimentos ultraprocesados dirigido a niños y la aplicación de impuestos a estos productos. Estas políticas han mostrado resultados prometedores en la reducción del consumo de alimentos poco saludables y en la prevención del exceso de peso infantil. Asimismo, la evidencia muestra que los niños que crecen en barrios con espacios seguros para la actividad física y que reciben educación alimentaria desde la escuela tienen menor riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad.

Además, los hallazgos subrayan la importancia de intervenir temprano. Esperar hasta la adolescencia o la adultez para abordar la obesidad significa actuar cuando muchos de los factores de riesgo ya están consolidados. En cambio, las intervenciones en la primera infancia pueden tener efectos mucho más duraderos.

Finalmente, este estudio también pone en evidencia la necesidad de generar más investigación con un enfoque del ciclo de vida en países de ingresos bajos y medios. El progreso económico sigue siendo fundamental para mejorar las condiciones de vida de millones de personas, pero también trae retos que debemos de reconocer y abordar. La obesidad infantil es probablemente uno de los más importantes. 

Si queremos construir sociedades más saludables, debemos entender que el bienestar no depende únicamente del crecimiento económico, sino también de cómo organizamos nuestros sistemas alimentarios, nuestras ciudades y nuestras políticas públicas. 

La salud del futuro comienza mucho antes de lo que imaginamos: en los entornos en los que nacen y crecen los niños hoy.

 

Referencias:

1. Ford, N. D., Patel, S. A., & Narayan, K. M. (2017). Obesity in Low- and Middle-Income Countries: Burden, Drivers, and Emerging Challenges. Annual review of public health, 38, 145–164. 

2. Chaquila, J.A., Pereyra-Elías, R. Early life socioeconomic status and risk of overweight and obesity across childhood and adolescence in four low and middle income countries. Sci Rep 16, 3819 (2026). 

3. Templin, T., Cravo Oliveira Hashiguchi, T., Thomson, B., Dieleman, J., & Bendavid, E. (2019). The overweight and obesity transition from the wealthy to the poor in low- and middle-income countries: A survey of household data from 103 countries. PLoS medicine, 16(11), e1002968. 

4. Chaparro, M. P., & Estrada, L. (2012). Mapping the nutrition transition in Peru: evidence for decentralized nutrition policies. Revista panamericana de salud pública = Pan American journal of public health, 32(3), 241–244. 

5. Kuh, D., Ben-Shlomo, Y., Lynch, J., Hallqvist, J., & Power, C. (2003). Life course epidemiology. Journal of epidemiology and community health, 57(10), 778–783.

6. Santos, M. P., Turner, B., & Chaparro, M. P. (2021). The double burden of malnutrition in Peru: An update with a focus on social inequities. The American journal of clinical nutrition, 113(4), 865–873.

7. Colchero, M. A., Paraje, G., & Popkin, B. M. (2021). The impacts on food purchases and tax revenues of a tax based on Chile's nutrient profiling model. PloS one, 16(12), e0260693. 

 

Editado por Norka Peralta Liñán

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